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miércoles, 6 de mayo de 2015

Raúl Castro visita este domingo al Papa Francisco


Raúl Castro y el Papa Francisco

El encuentro, "estrictamente privado", en pleno restablecimiento de relaciones Cuba-EE.UU.

Bergoglio pasará por Cuba en septiembre antes de recalar en Estados Unidos


El presidente cubano Raúl Castro será recibido por el Papa Francisco el próximo domingo 10 de mayo en el Vaticano , según ha confirmado el portavoz de la Santa Sede, Federico Lombardi. La anunciada entrevista será la segunda visita de un Castro a la Santa Sede tras la efectuada por Fidel en noviembre de 1996, y supone un nuevo paso en la mejora de las relaciones bilaterales.
El encuentro de Castro con el Papa Francisco tendrá lugar por la mañana y será"estrictamente privado", según un comunicado de la Santa Sede. El Vaticano ha anunciado hace varias semanas que el Papa pasará por Cuba en septiembre antes de su visita programada Estados Unidos. Esta será la primera vez que el Papa visite Cuba.Francisco ha jugado un papel importante en el restablecimiento de relaciones diplomáticas entre Cuba y Estados Unidos.
Los contactos entre la Iglesia católica y el Estado cubano han pasado por momentos decrisis, desencuentros, altibajos y tensiones desde los primeros años de la revolución encabezada por Fidel Castro, pero nunca se interrumpieron.
La Santa Sede y Cuba mantienen relaciones diplomáticas desde el 7 de junio de 1935, aunque desde 1898 había en la isla representantes pontificios sin carácter diplomático.
El 26 de septiembre de 1935, Pío XII creó "ad perpetuam rei memoriam" (para recuerdo perpetuo) la Nunciatura Apostólica y nombró a Giorgio Giuseppe Caruana, primer nuncio, "embajador" del vaticano en Cuba.
Durante la revolución hubo deterioro y alejamiento entre ambos estados. La etapa más difícil se inauguró al comienzo del castrismo, al declararse el carácter marxista-leninista de la revolución y ciertos sectores de la jerarquía y el clero católicos, vinculados al poder político, precastrista, anticomunista y preconciliar, reaccionaron contra el nuevo régimen.
En 1961, las tensiones se agravaron con la expulsión de los primeros 131 sacerdotes a bordo del buque español 'Covadonga' y la salida posterior de 470 "por voluntad propia".
En 1963, de 800 sacerdotes católicos censados solo quedaron en activo unos 200.


Descendieron también las órdenes religiosas, se suprimió la festividad de la Navidad, se intervinieron colegios católicos y, sin llegar a la opresión de los regímenes comunistas europeos, la Iglesia en Cuba sufrió cortapisas y obstáculos.
En 1986 se celebró el I Encuentro Nacional Eclesial Cubano (ENEC), que marcó un nuevo rumbo en las relaciones y fue el fundamento del nuevo plan pastoral adaptado a la nueva realidad social.
Se sucedieron las visitas de autoridades vaticanas a Cuba, entre ellas el cardenal vasco francés Roger Etchegaray, presidente de "Justicia y Paz" y enviado personal de Juan Pablo II.
El Partido Comunista cubano aprobó en 1991 la entrada de católicos en sus filas y, en los años siguientes, en que el país adoptó medidas -"periodo especial"- para superar la crisis que siguió al derrumbe del telón de acero, se sentaron las bases de un nuevo acercamiento.
Todo ello propició el histórico viaje de Juan Pablo II a la mayor de las Antillas en 1998, el primero de un Papa a Cuba y del que quedó su famoso mensaje "que Cuba se abra al mundo y que el mundo se abra a Cuba".
Ese viaje, no obstante, estuvo precedido del primer encuentro entre Fidel Castro y Juan Pablo II en un histórico "mano a mano" en el Vaticano en noviembre de 1996.
Tras la histórica visita del Papa se inició el conocido periodo de "una lenta, pero progresiva mejoría".


Se levantó la prohibición de las procesiones públicas, se retomó la Navidad como fiesta oficial, se autorizó el ingreso de sacerdotes y religiosas a la isla y en 2010 se inauguró en La Habana el primer seminario en 50 años.
2010 fue el año de las relaciones más distendidas, sobre todo a raíz del proceso iniciado el 19 de mayo con la mediación de la Iglesia y el gobierno de Raúl Castro, que culminó con las excarcelaciones de los presos políticos cubanos del Grupo de los 75, proceso que apoyó el Gobierno de España y finalizó a comienzos de 2011.
Un año después, Benedicto XVI era el segundo pontífice que viajaba a Cuba y lo hacía como "peregrino de la Caridad", nombre de la patrona del país. Ratzinger dejó mensajes en defensa de las libertades, reclamó más espacios para su Iglesia y criticó el bloqueo de EEUU.
Tras este viaje, interpretado como un nuevo paso de distensión en las relaciones, el gobierno cubano restituyó y decretó festivo la conmemoración católica del Viernes Santo.
En la actualidad, las relaciones son propicias y cordiales. Prueba de ello es la visita del papa Francisco a Cuba en septiembre próximo y sobre todo, tras su intervención personal en el acercamiento entre las autoridades de la isla y EEUU.
Según datos del Arzobispado de La Habana, un 60% de la población cubana es católica; hay unos 650 templos, 340 sacerdotes y unas 600 religiosas.
Fuente: Religion Digital

jueves, 30 de abril de 2015

Papa: "La causa de la unidad no es un compromiso opcional"


El Papa con la Comisión Internacional Anglicano-CatólicaFrancisco recibe a la Comisión Internacional Anglicano-Católica


"Las divergencias que nos separan no deben aceptarse como inevitables"

José Manuel Vidal, 30 de abril de 2015 a las 17:32
El Papa y Welby/>

El Papa y Welby

  • El Papa y Welby
(VIS).-El Papa Francisco recibió esta mañana en audiencia a veinte miembros de la Comisión Internacional Anglicano-Católica, reunida em estos días para estudiar la relación entre la Iglesia universal y la Iglesia local, especialmente por cuanto se refiere al debate y las decisiones sobre cuestiones morales y éticas.
La Comisión nació tras el encuentro del beato Pablo VI y el arzobispo de Canterbury, Arthur Michael Ramsey, que en 1966 firmaron una declaración conjunta para establecer un diálogo fundado en el Evangelio y en la tradición común que desembocase en la unidad en la verdad por la que rezó Jesús.
Aunque no se haya llegado todavía a la meta propuesta, la visita de la Comisión al Papa prueba que ''la tradición de fe y la historia compartida entre anglicanos y católicos inspira y sostiene los esfuerzos para superar los obstáculos que se interponen para lacomunión plena''.
Además, dentro de poco ese organismo publicará cinco declaraciones conjuntas realizadas en la segunda fase del diálogo anglicano-católico. Un hecho que recuerda que las relaciones ecuménicas y el diálogo no son elementos secundarios en la vida de la Iglesia. ''La causa de la unidad -dijo el Santo Padre- no es un compromiso opcional y las divergencias que nos separan no deben aceptarse como inevitables''.
''Hay un fuerte vínculo que ya nos une, más allá de toda división -subrayó Francisco-, es el testimonio de los cristianos pertenecientes a Iglesias y tradiciones diversas, víctimas de persecuciones y violencias sólo por la fe que profesan. Y no solo ahora hay tantos, pienso también en los mártires de Uganda, mitad católicos y mitad anglicanos.. La sangre de estos mártires alimentará una nueva era de compromiso ecuménico, una nueva voluntad apasionada para cumplir la voluntad del Señor: Que todos sean uno. El testimonio de estos hermanos y hermanas nuestros nos exhorta a ser más coherentes con el Evangelio y esforzarnos por lograr, con determinación, lo que el Señor quiere para su Iglesia. Hoy el mundo necesita con urgencia el testimonio común y gozoso de los cristianos, desde la defensa de la vida y la dignidad humana a la promoción de la paz y la justicia. Invoquemos los dones del Espíritu Santo, para ser capaces de responder con valentía a los "signos de los tiempos", que llaman a todos los cristianos a la unidad y el testimonio común''.

miércoles, 28 de enero de 2015

Mensaje del Papa Francisco para la Cuaresma 2015

VATICANO, 27 Ene. 15 / 09:31 am (ACI).- Hoy se dio a conocer el mensaje del Papa Francisco para la Cuaresma 2015 que lleva como título “Fortalezcan sus corazones”. El texto ha sido dado a conocer por la Sala Stampa de la Santa Sedeen conferencia de prensa. Los idiomas en los que puede encontrarse son el italiano, español, inglés, polaco, alemán, francés y árabe.
A continuación el texto completo en español:
«Fortalezcan sus corazones» (St 5,8)
Queridos hermanos y hermanas:
La Cuaresma es un tiempo de renovación para la Iglesia, para las comunidades y para cada creyente. Pero sobre todo es un «tiempo de gracia» (2 Co 6,2). Dios no nos pide nada que no nos haya dado antes: «Nosotros amemos a Dios porque él nos amó primero» (1 Jn 4,19). Él no es indiferente a nosotros. Está interesado en cada uno de nosotros, nos conoce por nuestro nombre, nos cuida y nos busca cuando lo dejamos.
Cada uno de nosotros le interesa; su amor le impide ser indiferente a lo que nos sucede. Pero ocurre que cuando estamos bien y nos sentimos a gusto, nos olvidamos de los demás (algo que Dios Padre no hace jamás), no nos interesan sus problemas, ni sus sufrimientos, ni las injusticias que padecen… Entonces nuestro corazón cae en la indiferencia: yo estoy relativamente bien y a gusto, y me olvido de quienes no están bien. Esta actitud egoísta, de indiferencia, ha alcanzado hoy una dimensión mundial, hasta tal punto que podemos hablar de una globalización de la indiferencia. Se trata de un malestar que tenemos que afrontar como cristianos.
Cuando el pueblo de Dios se convierte a su amor, encuentra las respuestas a las preguntas que la historia le plantea continuamente. Uno de los desafíos más urgentes sobre los que quiero detenerme en este Mensaje es el de la globalización de la indiferencia.
La indiferencia hacia el prójimo y hacia Dios es una tentación real también para los cristianos. Por eso, necesitamos oír en cada Cuaresma el grito de los profetas que levantan su voz y nos despiertan.
Dios no es indiferente al mundo, sino que lo ama hasta el punto de dar a su Hijo por la salvación de cada hombre. En la encarnación, en la vida terrena, en la muerte y resurrección del Hijo de Dios, se abre definitivamente la puerta entre Dios y el hombre, entre el cielo y la tierra.
Y la Iglesia es como la mano que tiene abierta esta puerta mediante la proclamación de la Palabra, la celebración de los sacramentos, el testimonio de la fe que actúa por la caridad (cf. Ga 5,6). Sin embargo, el mundo tiende a cerrarse en sí mismo y a cerrar la puerta a través de la cual Dios entra en el mundo y el mundo en Él. Así, la mano, que es la Iglesia, nunca debe sorprenderse si es rechazada, aplastada o herida.
El pueblo de Dios, por tanto, tiene necesidad de renovación, para no ser indiferente y para no cerrarse en sí mismo. Querría proponerles tres pasajes para meditar acerca de esta renovación.
1. «Si un miembro sufre, todos sufren con él» (1 Co 12,26) – La Iglesia
La caridad de Dios que rompe esa cerrazón mortal en sí mismos de la indiferencia, nos la ofrece la Iglesia con sus enseñanzas y, sobre todo, con su testimonio. Sin embargo, sólo se puede testimoniar lo que antes se ha experimentado. El cristiano es aquel que permite que Dios lo revista de su bondad y misericordia, que lo revista de Cristo, para llegar a ser como Él, siervo de Dios y de los hombres.
Nos lo recuerda la liturgia del Jueves Santo con el rito del lavatorio de los pies. Pedro no quería que Jesús le lavase los pies, pero después entendió que Jesús no quería ser sólo un ejemplo de cómo debemos lavarnos los pies unos a otros. Este servicio sólo lo puede hacer quien antes se ha dejado lavar los pies por Cristo. Sólo éstos tienen "parte" con Él (Jn 13,8) y así pueden servir al hombre.
La Cuaresma es un tiempo propicio para dejarnos servir por Cristo y así llegar a ser como Él. Esto sucede cuando escuchamos la Palabra de Dios y cuando recibimos los sacramentos, en particular la Eucaristía. En ella nos convertimos en lo que recibimos: el cuerpo de Cristo. En él no hay lugar para la indiferencia, que tan a menudo parece tener tanto poder en nuestros corazones. Quien es de Cristo pertenece a un solo cuerpo y en Él no se es indiferente hacia los demás. «Si un miembro sufre, todos sufren con él; y si un miembro es honrado, todos se alegran con él» (1 Co 12,26).
La Iglesia es communio sanctorum porque en ella participan los santos, pero a su vez porque es comunión de cosas santas: el amor de Dios que se nos reveló en Cristo y todos sus dones. Entre éstos está también la respuesta de cuantos se dejan tocar por ese amor. En esta comunión de los santos y en esta participación en las cosas santas, nadie posee sólo para sí mismo, sino que lo que tiene es para todos.
Y puesto que estamos unidos en Dios, podemos hacer algo también por quienes están lejos, por aquellos a quienes nunca podríamos llegar sólo con nuestras fuerzas, porque con ellos y por ellos rezamos a Dios para que todos nos abramos a su obra de salvación.
2. «¿Dónde está tu hermano?» (Gn 4,9) – Las parroquias y las comunidades
Lo que hemos dicho para la Iglesia universal es necesario traducirlo en la vida de las parroquias y comunidades. En estas realidades eclesiales ¿se tiene la experiencia de que formamos parte de un solo cuerpo? ¿Un cuerpo que recibe y comparte lo que Dios quiere donar? ¿Un cuerpo que conoce a sus miembros más débiles, pobres y pequeños, y se hace cargo de ellos? ¿O nos refugiamos en un amor universal que se compromete con los que están lejos en el mundo, pero olvida al Lázaro sentado delante de su propia puerta cerrada? (cf. Lc 16,19-31).
Para recibir y hacer fructificar plenamente lo que Dios nos da es preciso superar los confines de la Iglesia visible en dos direcciones.
En primer lugar, uniéndonos a la Iglesia del cielo en la oración. Cuando la Iglesia terrenal ora, se instaura una comunión de servicio y de bien mutuos que llega ante Dios. Junto con los santos, que encontraron su plenitud en Dios, formamos parte de la comunión en la cual el amor vence la indiferencia.
La Iglesia del cielo no es triunfante porque ha dado la espalda a los sufrimientos del mundo y goza en solitario. Los santos ya contemplan y gozan, gracias a que, con la muerte y la resurrección de Jesús, vencieron definitivamente la indiferencia, la dureza de corazón y el odio. Hasta que esta victoria del amor no inunde todo el mundo, los santos caminan con nosotros, todavía peregrinos. Santa Teresa de Lisieux, doctora de la Iglesia, escribía convencida de que la alegría en el cielo por la victoria del amor crucificado no es plena mientras haya un solo hombre en la tierra que sufra y gima: «Cuento mucho con no permanecer inactiva en el cielo, mi deseo es seguir trabajando para la Iglesia y para las almas» (Carta 254,14 julio 1897).
También nosotros participamos de los méritos y de la alegría de los santos, así como ellos participan de nuestra lucha y nuestro deseo de paz y reconciliación. Su alegría por la victoria de Cristo resucitado es para nosotros motivo de fuerza para superar tantas formas de indiferencia y de dureza de corazón.
Por otra parte, toda comunidad cristiana está llamada a cruzar el umbral que la pone en relación con la sociedad que la rodea, con los pobres y los alejados. La Iglesia por naturaleza es misionera, no debe quedarse replegada en sí misma, sino que es enviada a todos los hombres.
Esta misión es el testimonio paciente de Aquel que quiere llevar toda la realidad y cada hombre al Padre. La misión es lo que el amor no puede callar. La Iglesia sigue a Jesucristo por el camino que la lleva a cada hombre, hasta los confines de la tierra (cf. Hch 1,8). Así podemos ver en nuestro prójimo al hermano y a la hermana por quienes Cristo murió y resucitó. Lo que hemos recibido, lo hemos recibido también para ellos. E, igualmente, lo que estos hermanos poseen es un don para la Iglesia y para toda la humanidad.
Queridos hermanos y hermanas, cuánto deseo que los lugares en los que se manifiesta la Iglesia, en particular nuestras parroquias y nuestras comunidades, lleguen a ser islas de misericordia en medio del mar de la indiferencia.
3. «Fortalezcan sus corazones» (St 5,8) – La persona creyente
También como individuos tenemos la tentación de la indiferencia. Estamos saturados de noticias e imágenes tremendas que nos narran el sufrimiento humano y, al mismo tiempo, sentimos toda nuestra incapacidad para intervenir. ¿Qué podemos hacer para no dejarnos absorber por esta espiral de horror y de impotencia?
En primer lugar, podemos orar en la comunión de la Iglesia terrenal y celestial. No olvidemos la fuerza de la oración de tantas personas. La iniciativa 24 horas para el Señor, que deseo que se celebre en toda la Iglesia —también a nivel diocesano—, en los días 13 y 14 de marzo, es expresión de esta necesidad de la oración.
En segundo lugar, podemos ayudar con gestos de caridad, llegando tanto a las personas cercanas como a las lejanas, gracias a los numerosos organismos de caridad de la Iglesia. La Cuaresma es un tiempo propicio para mostrar interés por el otro, con un signo concreto, aunque sea pequeño, de nuestra participación en la misma humanidad.
Y, en tercer lugar, el sufrimiento del otro constituye un llamado a la conversión, porque la necesidad del hermano me recuerda la fragilidad de mi vida, mi dependencia de Dios y de los hermanos. Si pedimos humildemente la gracia de Dios y aceptamos los límites de nuestras posibilidades, confiaremos en las infinitas posibilidades que nos reserva el amor de Dios. Y podremos resistir a la tentación diabólica que nos hace creer que nosotros solos podemos salvar al mundo y a nosotros mismos.
Para superar la indiferencia y nuestras pretensiones de omnipotencia, quiero pedir a todos que este tiempo de Cuaresma se viva como un camino de formación del corazón, como dijo Benedicto XVI (Ct. enc. Deus caritas est, 31).
Tener un corazón misericordioso no significa tener un corazón débil. Quien desea ser misericordioso necesita un corazón fuerte, firme, cerrado al tentador, pero abierto a Dios. Un corazón que se deje impregnar por el Espíritu y guiar por los caminos del amor que nos llevan a los hermanos y hermanas. En definitiva, un corazón pobre, que conoce sus propias pobrezas y lo da todo por el otro.
Por esto, queridos hermanos y hermanas, deseo orar con ustedes a Cristo en esta Cuaresma: "Fac cor nostrum secundum Cor tuum": "Haz nuestro corazón semejante al tuyo" (Súplica de las Letanías al Sagrado Corazón de Jesús). De ese modo tendremos un corazón fuerte y misericordioso, vigilante y generoso, que no se deje encerrar en sí mismo y no caiga en el vértigo de la globalización de la indiferencia.
Con este deseo, aseguro mi oración para que todo creyente y toda comunidad eclesial recorra provechosamente el itinerario cuaresmal, y les pido que recen por mí. Que el Señor los bendiga y la Virgen los guarde.
Vaticano, 4 de octubre de 2014
Fiesta de san Francisco de Asís
FRANCISCUS PP.

lunes, 19 de enero de 2015

El testimonio de la niña filipina Glyzelle Palomar conmueve al Papa y al mundo

El discurso improvisado por el Papa Francisco durante su encuentro con los jóvenes en la universidad de Santo Tomas de Manila tiene una historia detrás, y un nombre propio. Es el de Glyzelle Palomar, una niña filipina de 12 años. Vivió en la calle. su historia y sus lágrimas fueron las que inspiraron al pontífice.

(Efe/InfoCatólica) Glyzelle se presentó ante el papa acompañada de Jun Chura, otro pequeño de 14 años que también fue un niño de la calle, y fue quien leyó un conmovedor testimonio sobre la vida de los pequeños filipinos abandonados y que afrontan abusos, drogas y prostitución.
Ambos fueron salvados de la calle por la asociación Tulay Kabataan, la ONG que gestionaba la casa de acogida que visitó el Papa el pasado jueves por sorpresa.
Después tocó el turno a Glyzelle de hacer las preguntas al papa y mientras leía se echó a llorar.
«Hay muchos niños abandonados por sus propios padres, muchos víctimas de muchas cosas terribles como las drogas o las prostitución. ¿Por qué Dios permite estas cosas, aunque no es culpa de los niños? y ¿Por qué tan poca gente nos viene a ayudar?», preguntó la niña entre lágrimas.
Los dos niños se acercaron después a dar al pontífice un libro con fotografías y una pulsera de su asociación y entonces Francisco la acarició para consolarla y la niña se fundió con él en un fuerte abrazo.

El Papa improvisó

El testimonio de los dos niños y las lágrimas de Glyzelle fueron de inspiración para el pontífice, que dejó de lado el discurso que tenía preparado y pidió permiso para improvisar en español.
«Ella hoy ha hecho la única pregunta que no tiene respuesta y no le alcanzaron las palabras y tuvo que decirlas con lágrimas», dijo.
«Cuando nos hagan la pregunta de por qué sufren los niños (...) que nuestra respuesta sea o el silencio o las palabras que nacen de las lágrimas», les dijo.
El Papa instó a los cerca 30.000 fieles que se reunieron en el campus de la universidad a «no tener miedo de llorar».
Y después dirigiéndose a los chicos y chicas presentes les dijo: «Al mundo de hoy le falta llorar, lloran los marginados, lloran los que son dejados de lado, lloran los despreciados, pero aquellos que llevamos una vida más o menos sin necesidades no sabemos llorar».
«Solo ciertas realidades de la vida se ven con los ojos limpiados por las lágrimas», afirmó.
El papa finalizó su discurso pidiendo perdón por no haber leído el discurso, pero se justificó: «La realidad que me plantearon fue superior a lo que había preparado».

Francisco hablára ante la ONU, visitará la zona Cero y celebrará misa en el Madison Square Garden

Francisco visitará Estados Unidos

Monseñor Auza confirma que el Papa irá a Filadelfia, Washington y Nueva York


El Pontífice también podría visitar el muro de Arizona, Guadalupe o presidir la canonización de Romero en El Salvador

Jesús Bastante, 19 de enero de 2015 a las 17:35

Francisco hablará ante la ONU, la Casa Blanca, el Congreso, el Senado y la Cámara de Representantes de Estados Unidos, visitará la zona Cero y la catedral de San Patricio en Nueva York, y celebrará misa en el Madison Square Garden. Al menos esto aseguró, en una entrevista a ACI, el arzobispo filipino Bernardito Auza, observador permanente de la Santa Sede en Naciones Unidas.

Según Azúa, el Papa estará en Estados Unidos alrededor de una semana, entre el 22 y el 28 de septiembre, con motivo delEncuentro Mundial de las Familias de Filadelfia. Pero el viaje se ha ampliado también a Washington y Nueva York, y cada vez hay más posibilidades de que Bergoglio amplíe la gira a Centroamérica y pueda visitar la valla de Arizona, el santuario de Guadalupe e, incluso, quiera presidir la canonización de monseñor Romero en El Salvador.

En declaraciones desde Manila, Auza insistió en que el Papa "llegaría (a Estados Unidos) el día 22 y volvería en la noche del 27. Serían 6 días y si le sumamos un día más de viaje entonces tenemos que es una semana". Auza explicó así los detalles conversados en una reunión el lunes pasado del comité organizador de la visita del Pontífice a Estados Unidos.

Tras su llegada a Washington D.C. en la noche del 22 de septiembre, la idea es que el Santo Padre visite la Casa Blanca la mañana siguiente, en donde se realizaría la ceremonia oficial de bienvenida. Luego iría a celebrar Misa en la Basílica de la Inmaculada Concepción. A esta Misa asistirían obispos, religiosos, seminaristas y representantes de las organizaciones de caridad católicas.

"Y debo decir que lo importante en la visita a Washington sería su discurso al Congreso, al Senado y a la Cámara de Representantes", indicó el Prelado. De acuerdo a la propuesta de viaje, el Papa iría a Nueva York en la tarde del día 24.

Su primer destino la mañana del día 25 podría ser la sede de las Naciones Unidas, que coincidiría con el inicio de una cumbre sobre desarrollo sostenible que durará tres días. "Prácticamente todos los jefes de estados y los líderes de los gobiernos estarán allí ese día, con lo que el Papa podría dirigirse a los mandatarios y sus delegaciones oficiales", afirmó el Arzobispo.
Auza dijo también a ACI Prensa que el discurso del Santo Padre sería el plato fuerza de ese día. También se está considerando un encuentro interreligioso y "por supuesto que el Papa visitaría la (Catedral) de San Patricio. Eso es seguro".
La visita a la histórica Catedral, sin embargo, no significaría que el Pontífice celebre Misa allí sino en alguna otra área de Nueva York, posiblemente el Madison Square Garden.
Otro de los posibles destinos, siguiendo los pasos de Benedicto XVI, es la "zona Cero", en donde estaban las torres gemelas que fueron derribadas en el atentado del 11 de septiembre de 2001. "Pero todas estas son solo propuestas. A fines de febrero se realizará la primera visita organizativa (de una delegación del Vaticano) y veremos si esto se concreta", precisó el Arzobispo.

Los efectos del "ciclón Francisco"

Pasó por estos sotos con presura: balance final de la visita de Francisco a Filipinas

¿Por qué somos prontos en recibir al Vicario de Cristo y tan lentos en acoger al mismo Jesucristo que vive entre nosotros?

Macario Ofilada, 19 de enero de 2015 a las 10:12


(Macario Ofilada, Manila).- Hacía sol e incluso calor cuando subió al avión el ciclón Francisco antes de las 10 de la mañana para regresar a Roma. Confieso que esta escena me ha llenado de tristeza. Me alegraba mucho al ver al papa pasando por las calles de mi Manila natal, ya en deterioro.

Estos días estaba orgulloso de ella, pues me acogió cuando vi la luz primera al salir del vientre de mi madre y estos días ha acogido a nuestro hermano, nacido en Argentina, que ahora reside en Roma para confirmarnos en la fe. Pero todo tiene su remate. Al verlo subir al avión me acordé de la canción: Cuando un amigo se va. Y Francisco no es propiamente mi amigo, pues nunca lo he tratado, no como algunos filipinos privilegiados (que siempre son los privilegiados por tener enchufes) pero vino a Filipinas para renovarnos a todos sin distinciones en la amistad con Cristo.

Y los filipinos ya volvemos a la vida normal de atascos, de luchas, de tifones, de hambres, de paro, de intrigas, de sermones que no nos dicen nada, de devociones puramente externas... Yo creo que para oler a oveja el Cardenal Tagle volverá a su atuendo de todos los días: un clergyman de estilo indígena o adoptado al calor húmedo de estos pagos, sin alzacuellos pero con una cruz pectoral sencilla y su habitual sonrisa y sentido de humor un poco infantil.

Estos días, por protocolo, llevaba puesto una sotana con botones rojos, junto con su solideo y fajín de escarlata cardenalicia. Bueno, espero que nuestra vida después de esta visita no sea tan normal. Espero que la fe traída por vez primera a estas islas en 1521 sea más fortalecida y que la visita del ciclón Francisco derrumbe algunos de nuestras estructuras sociales injustas y pecaminosas.

Sería ingenuo o incluso estúpido pensar que Kiko con su visita las podría eliminar todas pero es bueno, es consolador, es profundamente cristiano pensar que a raíz de su visita fugaz podríamos comenzar de nuevo. Somos un país al que sobran los necios. Y los vemos todos los días en el gobierno, en las iglesias, en los lugares de trabajo. Nos hacen falta los verdaderos soñadores que con su inteligencia no dejan de soñar, no dejan de buscar consolaciones con su optimismo y determinación.
Las visitas anteriores de Pablo VI y Juan Pablo II, amén de eventos significativos protagonizados por nuestros pastores y líderes comenzando sobre todo con la revolución de febrero de 1986, eran llamadas a la conversión. Ciertamente los filipinos nos hemos esforzado mucho pero hemos caído incontables veces, y seguiremos cayendo porque es casi imposible desprendernos de lo que está profundamente arraigado en nuestro ser.
Es una especie de pecado social, con matices y alcances culturales, que obece a la norma captada por pensadores del Contrato Social: Homo Homini Lupus y que traducimos conforme a nuestro contexto con metáforas propiamente nuestras como el alimango o cangrejod de las rías y marismas (me refiero a la mentalidad envidiosa de los cangrejos quienes no dejan a sus compañeros escaparse del cesto de los vendedores de cangrejos o lo que los sociólogos denominan crab mentality). Dicha mentalidad, salpicada metafóricamente, es nada menos que o es esencialmente la envidia pero con un toque peculiarmente filipino: por envidia el filipino hará todo lo posible para impedir el progreso o la libertad del coetáneo o compañero en medio del espectáculo, hiprocresía, abuso del poder en una sociedad en que solo el lameculos y el teatrero pueden sobrevivir.
Sin embargo, no es éste el verdadero pecado. Todo esto supone una caída colectiva e individual que implica a todos los filipinos. Pero el pecado no consiste en caer, porque todos nos caemos por ser humanos, sino en no querer levantarse tras la caída. Nuestra despedida a Francisco debería ser una llamada a volver a levantarse tras haber caído muchas veces sin querer superar o quemar con etapas anteriores como la alusión que hizo nuestro presidente al régimen anterior y con quien la iglesia de aquellos tiempos, siguiendo una consigna que tenía su origen en Juan Pablo II y que se continuó en tiempos de Benedicto XVI, fue cómplice.
No es que la iglesia filipina haya perdido totalmente la voz profética entonces sino que era tiempo para limar los excesos de una estrategia pastoral populista y manipulador que también cometió errores encarnada por un prelado renombrado ya desaparecido y que ya tiene su descanso merecido. Para poder levantarse, es preciso hacer un balance, como lo que estoy haciendo ahora mismo con este ensayo. Pero mi ensayo es más bien un balance para un evento. Hemos de seguir haciendo balances para todos los eventos de nuestra vida.
En otras palabras, hemos de seguir. Pecar, como nos ha recordado el mismo papa, consiste en olvidar nuestra identidad, dignidad de ser hijos de Dios. Ser hijo de Dios consiste en querer levantarse siempre, tras las tormentas, los errores ajenos y propios, las hecatombes. Ser hijo de Dios quiere decir querer seguir, seguir levantándose, seguir recapacitando, seguir intentando de nuevo. El no querer levantarse significa dejarse engañar por el diablo quien, nos ha recordado el papa Francisco, es el padre de las mentiras.
Las mentiras siempre están ahí. Y toman muchas formas. Es un monstruo multicéfalo, real y no mítico, con rostros que tienen rasgos propiamente filipinos. Como pueblo, tenemos nuestros defectos y Francisco ha señalado algunos: la corrupción (Malacañan), el materialismo (Catedral de Manila), dejar de soñar (Mall of Asia) , ser incapaces de llorar y solidarizarnos (Universidad de Santo Tomás), dejar de proteger a los más pequeños (Luneta), etc. Todos los sabemos de sobra. Lo bueno es comenzar de nuevo, recapacitar. Francisco ya ha regresado a Roma pero nunca ha dejado el corazón de los filipinos. Y si queremos que se quede que volvamos a rumiar su magisterio, que es interpretación autorizado de el de Jesucristo, sobre todo los que ha sembrado en nuestra tierra durante su paso breve que me recuerda algunos versos inmortales de Juan de la Cruz: <> (Cántico Espiritual 5).
El místico castellano se refería a Cristo pero por estos sotos filipinos, devastados por tormentas y otras calamidades, pasó su Vicario quien nos trajo el mismo mensaje evagélico con claves de comprensión actuales que reconocen la superioridad de la realidad a la idea, que es preciso ser ìntegros haciendo que el pensar, sentir y obrar sean armoniosos, que es necesario, ante todo, amar y dejarse amar, pues Dios nos amó primero. De ahí, como Cristo, Francisco en la Luneta nos manda a los filipinos a ser misioneros de la luz por ser el país católico más significativo en Asia.
Francisco vino para todos. Yo creo que vino sobre todo para los que por razones de trabajo, enfermedad, distancia, falta de medios no pudieron acudir a ningún acto. Estos tal vez solo pudieron seguir sus pasos por nuestros sotos por los medios de comunicación. En nombre de estos rostros anónimos y alejados, acudieron por lo menos seis millones sobre todo a la misa final en la Luneta.
Dicen los comentaristas que el Efecto Francisco, que ha superado el de Juan Pablo II, se debe al poder de la media social. Esto es cierto en gran parte. Pero no hemos de olvidar el poder del Espíritu Santo porque los medios son instrumentos del Espíritu quien sopla por dentro, quien con su fuego de amor desató un ciclón espiritual que promete sol y luz en medio de las tempestades. Y éstas vendrán. Francisco no tiene el poder de cambiar nuestra condición climatológica aunque tiene poder de llamarnos a convertirnos espiritualmente como recuerda Lucas 22,32: <>.
Lo que importa de verdad es saber responder a ellas a la luz de una fe renovada. Y es éste el verdadero Efecto Francisco que es en realidad Efecto Jesucristo. Francisco mismo ha vivido o está viviendo un mensaje de constante conversión y nos ha dicho que debemos dejarnos ayudar, evangelizar o en efecto convertir por los pobres que nos pueden dar una sabiduría fuera de lo común.
No cabe duda de que la visita de Francisco es un hito histórico muy significativo para Filipinas. Para la generación de mis abuelos y mi madre, el momento más significativo de tipo religioso que hemos vivido como pueblo era el Congreso Internacional Eucarístico de 1937 celebrado en Manila. En la Luneta, lugar donde se declaró nuestra independencia de los USA en 1946 y en donde los presidentes nuevos juran sus cargos, tuvieron lugares las celebraciones eucarísticas dentro del marco de dicho congreso, las primeras misas multitudinarias de nuestra historia católica. No vino un papa.
Vino un legado papal, el Cardenal Denis Doherty de Philadelphia, que había sido obispo en estas islas. La gente acudió a la Luneta para el evento final, no sólo para la bendición eucarística final sino para escuchar la transimisión desde Roma del discurso de un Pio XI ya enfermo que quería estar presente de algún modo. Este evento fue superado por las visitas y misas de Pablo VI, Juan Pablo II y ahora Francisco. Y éste último con sus 6 ó 7 milliones.
 
La visita de Francisco tuvo algunos momentos significativos o inolvidables: los niños de la calle que se dirigieron a Francisco en el campus de la universidad llevaban maquillaje(estaban demasiado maquillados lo cual demuestra nuestro amor por el simulacro y las apariencias externas), la salida prematura del ciclón Francisco de Tacloban a causa del Tifón Amang por lo que el papa pidió perdón, la fraternidad, a estilo filipino, en la misa final en donde los fieles se repartían las formas consagradas porque los curas no los alcanzaban debido a las barreras, la chica ciega que pronunció la Primera Lectura en la misma misa ayudada por un texto en el sistema de Braille, la misa en Tacloban con el papa llevando un chubasquero amarillo encima de su casulla y para la consagración de la hostia elevó un ciborio para proteger la forma, el beso incontable a los niños, el cariño papalino a los asistentes a los actos todo con espontaneidad, la muerte de la joven voluntaria Kristel Padasa y el recibimiento brindado por el papa al padre de ésta en la Nunciatura de Manila...La lista es interminable.
Muchos tendrán sus recuerdos especiales de este momento signficativo en nuestra historia religiosa y social. Sin duda, en estos momentos es el evento más significativo de nuestro caminar como nación católica en Asia. Como pueblo nos queda muchísimo por recorrer. Distamos mucho de ser una nación madura en el sentido político, social, ético y cultural. Y ciertamente volveremos a caer. Y espero que nos volveremos a levantar con más valentía, con más determinación o como dijera Teresa de Jesús: con determinada determinación.
En mi opinión, hay algo más importante en el sentido religioso que la visita ya terminada de Francisco a estas islas. Me refiero a la vida cotidiana, en medio de atascos, azotados por las tempestades, muertas física o sociológicamente en luchas fratricidas. Por eso, del llamado Efecto Francisco desde el punto de vista sociológico me quedaría desde el prisma teológico y espiritual con la esencia de su mensaje que es nada menos, como ya queda dicho, una lectura actualizada o con claves actuales del mismo mensaje de Jesucristo que llegó por vez primera a nuestra tierra adorada, <> como rezara la letra del Himno Nacional Filipino, en 1521.
De Francisco me quedo con su magisterio, tan brillantemente expuesto estos días de convivencia con él. Solo de esta manera, Francisco, y con él Pablo VI y Juan Pablo II, se queda para siempre con nosotros. Solo de esta manera, Jesucristo permanece entre nosotros, sobre todo en su iglesia que sea su sacramento. Y se queda con nosotros en el sentido físico.
Pero ya sin la presencia física del Vicario de Cristo en nuestra tierra sino con la presencia física y desconcertante del mismo Jesucristo, de quien Francisco es vicario, en los niños de la calle, en los que lloran a sus muertos, en los pobres, en los enfermos, en los trabajadores, en los artistas, científicos, intelectuales, en los buenos políticos (sí los hay), en los buenos pastores y religiosos (sí los hay), en los que no disponen de medios, en los que se sienten solos y desamparados, en los damnificados por tifones y terremotos o incendios y robos.
¿Por qué somos prontos en recibir como a una superestrella de Rock al Vicario de Cristo y tan lentos en acoger al mismo Jesucristo que vive entre nosotros en Tacloban, en las calles sucias y corruptas de Manila, en los centros de acogida, en nuestros vecindarios? Lo que necesitamos es una experiencia parecida a la de los discípulos en Emaús. Que veamos a Cristo que sigue con nosotros entre los más pequeños y marginados dado que Francisco ha querido e intentado descubrir a Cristo en su presencia desconcertante ante nuestros propios ojos en su paso fugaz por nuestros sotos.