jueves, 24 de julio de 2014

MENSAJE DEL PAPA FRANCISCO POR LOS 50 AÑOS DEL SANTUARIO DE SAN PANTALEÓN EN BUENOS AIRES

Cercanía en la oración y gratitud expresó el Papa Francisco a los fieles y a los peregrinos que el próximo domingo, 27 de julio, se reunirán en el barrio de Mataderos, en Buenos Aires, para celebrar el quincuagésimo aniversario del santuario de San Pantaleón.

En un mensaje, el Pontífice recuerda con nostalgia los tiempos en que, como arzobispo de Buenos Aires, visitaba personalmente la parroquia dedicada al santo médico de Nicomedia. «Quiero estar junto a ustedes —escribe— para poder revivir, de alguna manera, las veces que podía llegarme hasta el santuario los 27 de julio para ayudar a los sacerdotes en las confesiones».

«Volvía a casa fortalecido espiritualmente —confiesa— por el testimonio de fe. No se imaginan todo el bien que recibí allí. Y por todo ese bien quiero agradecerles. Que el Señor se lo retribuya abundantemente».

Seguidamente, el Papa Francisco asegura: «Rezo por ustedes, por sus familias, por el santuario y por los sacerdotes». Y subraya que por su memoria pasan muchos rostros, así como muchos nombres de colaboradores. Recuerda también “los muchos gestos de esperanza en la cola para venerar la imagen de San Pantaleón. Todo ese testimonio de fe y de oración me ayuda ahora tener confianza y a rezar más».

El Papa, utilizando una imagen evocativa, describe el santuario de San Pantaleón como «un templo que parece quieto, pero que el pueblo peregrino de Dios hace caminar. Así caminó durante estos cincuenta años en los corazones de muchos fieles que vinieron a venerar al Santo, a implorar salud y a profesar su fe. Así caminó en el corazón del barrio, proyectándose por toda la ciudad.

Ruego al Señor que les conceda la gracia de seguir caminando, de continuar esta peregrinación del corazón en medio de la gran ciudad. En estos días de celebración del cincuentenario, estoy con ustedes. Y les pido por favor que no se olviden de rezar por mí».

BREVE HISTORIA DEL SANTO

San Pantaleón, mártir cristiano y patrón de los enfermos, nació en Nicomedia, actual Turquía a finales del siglo III. Estudió filosofía y retórica y después se dedicó a la medicina. Fue médico del emperador Galerio Maximiano. Apostató de la fe cristiana, que volvió a recuperar gracias a su amigo Hermolano y fue perseguido por Diocleciano en 303. Tras ser torturado de varias maneras, murió. Según la tradición cristiana, el fallecimiento tuvo lugar bajo una higuera seca, que floreció al recibir la sangre del mártir luego de ser decapitado.

EL MILAGRO DE LA SANGRE DE SAN PANTALEON

Una porción de la sangre de San Pantaleón se conserva en una ampolla en el altar mayor del Real Monasterio de la Encarnación, de las religiosas Agustinas Recoletas, en Madrid (España). Fue tomada de otra más grande que se guarda en la Catedral italiana de Ravello y donada al monasterio madrileño por el virrey de Nápoles.

La sangre, en estado sólido durante todo el año, se vuelve líquida poco a poco todos los años en un proceso que comienza la víspera del aniversario del martirio de San Pantaleón, o sea, cada 26 de julio, de forma que el día 27 está completamente líquida. Todo ello sin intervención humana, mientras las religiosas oran en el coro del templo y ante la presencia de cientos de visitantes. El monasterio abre las puertas al público para que todos sean testigos.

Lo más destacable es que lo mismo sucede con la porción de sangre que se custodia en la catedral de Ravello, en Italia, donde la sangre del mártir también se vuelve líquida el 27 de julio. Este fenómeno está documentado por escrito a partir del año 1057.

Muchas veces se ha intentado explicar el fenómeno mediante mecanismos netamente naturales, como la temperatura. Sin embargo, ninguna de las explicaciones ha resultado satisfactoria para la ciencia. Las hermanas dicen sencillamente que es "un regalo de Dios".

Les dejamos una oración a san Pantaleón, patrón de los enfermos:

Querido amigo San Pantaleón:

Recibí nuestra enfermedad
y transformála en salud.
Recibí nuestros miedos
y transformálos en confianza.
Recibí nuestros sufrimientos
y transformálos en paz de alma.
Recibí nuestro silencio
y transformálo en aceptación.
Recibí nuestras crisis
y transformálas en madurez.
Recibí nuestras lágrimas
y transfomálas en plegarias.
Recibí nuestro desánimo
y transformálo en fe.
Recibí nuestra soledad
y transformála en comunión...
Recibí nuestras esperas
y transformálas en esperanza.
Recibí nuestra vida
y transformála en la tuya.
¡Gracias, San Pantaleón!
¡Sé siempre sostén de nuestra esperanza!
Amén

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